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a
V
erdad
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T
oda
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uz
Remitido por Sandra Milena desde Colombia
Había una vez un hombre que tenia una loca pasión por
los
frijoles
fritos;
los amaba, aun cuando siempre le
producían
situaciones embarazosas debido a estruendosas
reacciones
intestinales.
Un día conoció a una chica de la que se enamoró
.
Cuando ya
era una realidad que se casarían, el se dijo
a si mismo:
- Ella es tan dulce y tan gentil, que nunca aguantaría
algo
como esto.
Así que el tipo hizo el sacrificio supremo; y abandonó
para
siempre los frijoles fritos.
La pareja se cas
ó
y algunos meses después, un día su auto
se
accidentó mientras el iba de casa al trabajo y llamó
a su
esposa:
- Cariño, llegaré tarde
;
tengo que caminar muchos
kilómetros
hasta llegar a casa.
De camino, se detuvo en una cafetería y no pudo resistir
la
tentación... Ordenó tres raciones de frijoles fritos.
Pasó
todo
el camino a casa ventoseando cual motoretta
tirando
gases y
al llegar a la casa el se sentía lo
suficientemente
seguro de
que había expulsado hasta el
último.
Su esposa
estaba muy
c
ontenta por su llegada y
agitada al
verlo,
exclamó:
- Mi amor, esta noche tengo una increíble sorpresa
para
cenar.
..
Para su sorpresa, ella le vendó los ojos en la entrada
de
la casa
y lo acompañó hasta la silla del comedor,
donde
lo
sentó.
Justo cuando ella le iba a quitar la
venda de la
cara, sonó el
teléfono.
Ella dijo:
- No te quites el vendaje de la cara, hasta que vuelva
de
hablar
por teléfono.
Tomando en cuenta la oportunidad de su inasistencia,
el agarró,
apoyó todo su peso sobre una de sus piernas
y dejó escapar un
gas.
No fue lo suficientemente ruidoso, pero tan oloroso
que solo
lo soportaría el autor del mismo. Sacó del
bolsillo un pañuelo y
empezó a moverlo vigorosamente
para ventilar la habitación.
Todo volvió a la normalidad
pero
de pronto siente
ganas de tirar
otro, por lo que vuelve a apoyar el
peso de su cuerpo sobre una
pierna y lo deja escapar.
A diferencia del anterior, este podía ser el ganador
de un gran
premio. Mientras desesperadamente mueve el
pañuelo para mover
el aire y ventilar más.
Con un oído atento a la conversación telefónica, le
vienen ganas
de tirarse
uno más
, se lo tira y la cosa se
pone difícil, mientras
desesperadamente, con los ojos
vendad
os
,
continua
moviendo el
pañuelo
para hacer un poco
de aire hasta que oye que su esposa
cuelga el
teléfono,
lo que indica el fin de su libertad para tirar
gases.
Coloca su pañuelo en su pierna y cruza las manos encima
,
con una
son
risa de oreja a oreja, lo que sin
duda alguna es la mejor imagen
de una persona inocente.
Disculpándose por haber estado tanto tiempo al teléfono
su esposa
le pregunt
ó
si se había movido el vendaje y había visto
algo.
El le aseguró que no había visto nada y ella quita
la venda de sus ojos
y allí estaba la sorpresa:
Doce invitados a cenar, sentados alrededor de la mesa
para su fiesta
de cumpleaños sorpresa...