Febrero 22, 2001
Monseñor Ignacio Velasco recibió el Capelo Cardenalicio en el Vaticano

Más de 25.000 personas asistieron en la plaza de San Pedro del Vaticano al octavo consistorio del papa Juan Pablo II, en el que impuso el capelo cardenalicio a 44 nuevos purpurados, entre ellos, el venezolano Monseñor Ignacio Velasco.

La ceremonia se celebró en la plaza de San Pedro por segunda vez en la historia de los consistorios, para poder acoger a los miles de personas de todo el mundo que asistieron al acto.

Una delegación venezolana acompañó a monseñor Velasco en esta jornada para expresarle su solidaridad y cercanía.

Monseñor Ignacio Velasco se ordenó como presbíterpo el 17 de diciembre de 1955, en Roma. Es Arzobispo de Caracas (desde 1995) y primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana.

Velasco es el cuarto sacerdote venezolano que logra esa distinción; le antecedieron José Quintero (el primero, ya fallecido), José Alí Lebrún (el segundo) y Rosalio Castillo Lara.

Durante su homilía, el Papa subrayó que estos cardenales son los primeros del tercer milenio y les recordó que deben ayudarle "para aliviar la fatiga de un ministerio que se extiende hasta los confines de la tierra".

"Juntos con el Sucesor de Pedro (con él) tenéis que ser defensores extremos de la verdad y custodios del patrimonio de fe y costumbres que tienen sus orígenes en el Evangelio. El Papa cuenta con vuestra ayuda al servicio de la comunidad cristiana que entra en el tercer milenio", afirmó Juan Pablo II.

El Pontífice destacó que los nuevos 44 cardenales provienen de diferentes culturas y hablan diferentes idiomas y que por ello es importante que "las partes" que representan formen "un todo" para poder en este tercer milenio llevar el Mensaje de Salvación por todo el mundo.

"Tras el Año Santo, la nave de Cristo se dispone a introducirse mar adentro para llevar a todo el mundo el mensaje de salvación. El mundo es cada más complejo y cambiable. Las enorme potencialidades del progreso científico y técnico, así como el fenómeno de la globalización nos piden estar abiertos al diálogo con todas las personas y organismos sociales, para poder dar a cada uno la esperanza que llevamos en el corazón", señaló el Papa.

En nombre de los 44 habló el italiano Giovanni Battista Re, prefecto de la Congregación para los Obispos y durante años "número tres" del Vaticano, quien resaltó la figura del papa Wojtyla afirmando que "la voz" de Juan Pablo II "resuena en todo el mundo como punto de referencia, ofreciendo un precioso servicio no sólo a los católicos sino también a toda la comunidad, sedienta de luz y de verdad".

Re hizo votos para que Juan Pablo II viva todavía muchos años más, "ya que el pueblo de Dios os necesita".

"Cuando las fuerzas físicas disminuyen, crece en vuestra santidad el sentido de paternidad y el testimonio de la plegaria y del sufrimiento en beneficio de la Iglesia", subrayó el flamante cardenal.

Tras la homilía, Juan Pablo II impuso a los nuevos cardenales el capelo de color púrpura y asignó a cada uno un título o diaconía de una iglesia de Roma.

"Este capelo de color rojo como signo de la dignidad del oficio de cardenal significa que estás preparado para actuar con fortaleza, hasta el punto de derramar tu sangre por el crecimiento de la fe cristiana, por la paz y armonía entre los pueblos de Dios, por la libertad y la extensión de la Santa Iglesia Católica Romana", dijo el Papa en el momento de colocar los capelos.

La asignación de una Iglesia significa la participación de los cardenales en el cuidado de la Ciudad Eterna.

El rito concluyó con el intercambio del beso de la paz. Mañana, en una misa solemne, el Papa les entregará el anillo, el otro signo del cardenalato.

De los 44 nuevos cardenales, son europeos 23, de los que 21 son electores, es decir que pueden elegir Papa en un eventual cónclave; 11 (todos electores) son de América Latina; 3 (dos electores) de América Septentrional; 3 de Africa (dos electores) y cuatro de Asia, todos electores.

El segundo cardenal venezolano falleció de un paro cardíaco

El arzobispo emérito de Caracas se encontraba hospitalizado desde el martes en la clínica Padre Machado, de Montalbán, José Alí Lebrún tenía 81 años de edad   La muerte siempre llega por sorpresa. Mientras el arzobispo de Caracas, Ignacio Velasco, recibía ayer el capelo cardenalicio, el arzobispo emérito de la capital, monseñor José Alí Lebrún Moratinos se despedía de este mundo -pasadas las 6:00 pm- víctima de un infarto. El sacerdote estaba hospitalizado desde el pasado martes en la clínica Padre Machado, de Montalbán. Tenía 81 años; hubiese cumplido los 82 el próximo 19 de marzo. Por su edad, no podía votar en el cónclave para designar al sucesor del papa Juan Pablo II, pero sí -tal como lo admitió en una entrevista realizada hace casi 5 lustros, rezaba "para aprender a envejecer", y afirmaba que debía entender que cada edad tiene su encanto.

Lebrún había nacido en Puerto Cabello, estado Carabobo, en 1919. Era hijo de Enrique Lebrún y Josefina Moratinos. Enviado por la Diócesis de Valencia, estudió Latinidad y Humanidades en el Seminario Interdiocesano de Caracas. En 1933, monseñor Gregorio Adam lo remitió al Colegio Pío Latinoamericano de Roma, a cursar estudios de Filosofía y Teología. Obtuvo licenciatura en Filosofía, y también fue alumno de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (de donde egresó Summa cum laude). La Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera de Teología, y se vio obligado a retomarla en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

Monseñor Lebrún recibió la ordenación sacerdotal de manos de su excelencia, Gregorio Adam, en la Catedral de Valencia, el 19 de diciembre de 1943. El 2 de septiembre de 1956 lo consagraron en la capital de Carabobo. Su santidad Pío XII lo eligió obispo titular de Arado de Fenicia, y auxiliar de Maracaibo, en agosto de 1956; el sumo pontífice, dos años después, lo designó primer obispo de Maracay.

Se desempeñó como profesor de Humanidades y Filosofía. Fue padre espiritual y rector del Seminario Diocesano de Valencia. Trabajó como capellán; también, como profesor de religión, latín, historia de la filosofía y formación moral y cívica en el colegio Nuestra Señora de Lourdes. Hablaba castellano, latín, italiano y francés.

Ocupó el rectorado de la Iglesia de la Divina Pastora y de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús; se encargó como interino de la parroquia de San José de Valencia. Su fe lo llevó a asumir la capellanía de cárceles, a laborar como asesor diocesano de la Juventud Católica Femenina, a prestar sus servicios en el diario El Carabobeño (era director de la sección cultura católica) y a colaborar con la seccional de Valencia de la Asociación Venezolana de Educación Católica (AVEC). Juan XXIII lo nombró, en marzo de 1962, obispo de Valencia. Estuvo 10 años al frente de esa comunidad, y en ese período asistió como Padre Conciliar a las sesiones del Concilio Vaticano II. En la década de los 80, por decisión unánime, encabezó la Conferencia Episcopal Venezolana.

Sus vínculos con Caracas se afianzan en 1972, cuando el papa Pablo VI lo designa arzobispo coadjutor y administrador apostólico de la Arquidiócesis de Caracas. En 1980 asume como arzobispo de Caracas; 3 años más tarde, Juan Pablo II lo consagró cardenal. En noviembre de 1985 decidió donar sus riñones al fallecer.

Acerca del debate sobre la reproducción asistida y la muerte, había opinado que "la vida de todo ser humano debe ser respetada de modo absoluto desde el momento de la concepción, porque el hombre es la única criatura que Dios ha querido por sí misma, y el alma espiritual de cada hombre es inmediatamente creada por Dios".

"Fue un gran pastor"

3 Al recordar a quien fuera arzobispo emérito de Caracas, el obispo del Ordinariato Militar de Venezuela, Hernán Sánchez Porras, afirma que "fue un gran pastor dedicado a servir a la humanidad y a la institución religiosa. Su labor se caracterizó por crear grupos en las parroquias más humildes, con el fin de impartir la fe católica y ayudar a los más pobres. Durante toda su vida se preocupó por pregonar el Evangelio, y hoy día puedo decir que fue uno de los comunicadores más queridos de la Iglesia, lo que le mereció el título de Cardenal".

3 El secretario general de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor José Luis Azuaje, lamentó profundamente el fallecimiento del arzobispo y dijo que durante su actividad en la Iglesia "realizó una hermosa labor apostólica, especialmente en lugares humildes. Fue un hombre que ayudó a construir la Iglesia en tiempos difíciles, tanto de dictadores como de demócratas, con su fe sólida y su amor hacia los pobres".


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