Todo lo que se come en el Palacio Presidencial quedó al
descubierto cuando Marcos Ibáñez, representante del "frigorífico,
pescadería, charcutería y víveres Mi Casita 2000" y de Inversiones
Discramer, una compañía dedicada a la venta al "mayor y detal de víveres
nacionales e importados", mostró sus facturas para reclamar el pago de la
mercancía despachada a Miraflores. Una encarecida carta enviada por Ibáñez
al director de Administración del Ministerio de Secretaría, el 10 de
enero, reza que "a mediados del mes de diciembre me entrevisté
personalmente con el sargento Montilla para plantearle mi situación". La
"situación" es que "únicamente me han efectuado seis pagos" de 45 facturas
emitidas entre el 20 de julio y el 23 de noviembre de 2000. A la primera
empresa se le adeudan más de 27 millones de bolívares. Nunca le
pagaron.
Ibáñez resume que "la respuesta que obtuve fue que
entregara copia de los pagos efectuados y las facturas por cancelar para
estudiar mi caso, porque supuestamente ese organismo no le adeudaba nada a
mis compañías". Ibáñez finaliza reseñando que "en ningún momento he
autorizado a ninguna persona retirar los cheques de mi empresa". En pocas
palabras, el dinero que fió Ibáñez al Ministerio de la Secretaría se
"extravió".
Buen comer
El primer despacho salió el 20 de julio. Cuatro
firmas ilegibles refrendaron la factura 155 a nombre del Ministerio de la
Secretaría. Domicilio Fiscal: Palacio de Miraflores.
En 157 días, el Ministerio de la Secretaría compró a Mi
Casita más de 3 mil kilos de pollo entero y casi 1.800 kilos de pechuga y
muslo; 2.200 kilos de carne de primera en diferentes cortes: solomo,
muchacho redondo, muchacho cuadrado, ganso y lomito. La dieta, balanceada,
incluyó gallinas, pavo y 805 kilos de cochino (perfil, chuleta, paticas y
costillitas). Hubo antojitos que se compraron de a poquito, como botellas
de vino blanco y tinto; una pierna de cordero el 20 de julio y dos kilos
de jamón de pavo.
La otra empresa, Inversiones Discramer, distribuía lo
necesario para el desayuno. Vendió cientos de kilos de queso amarillo,
paisa, parmesano, blanco, jamón de pierna y espalda, tocineta y chorizo
por un monto de 6,2 millones de bolívares.
Hay una factura, la del 7 de septiembre de 2000, emitida
por Mi Casita, que muestra claramente las compras, por un monto de 133 mil
bolívares, efectuadas para una parrilla de varios comensales: 10 kilos de
punta, 12 kilos de lomito; 9,7 kilos de solomo; 3,3 de costillitas de
cochino, dos kilos de chorizo y un kilo de morcillas. Esta era la época en
que se discutía qué miembros integraría el Comité de Postulaciones y la
directiva de la Asamblea Nacional. Aquello que se bautizó como el "cogollo
gastronómico" de las "parrilladas presidenciales".
Ibáñez señala que se le realizaron 6 pagos, por un total de
2,8 millones de bolívares. Todas las erogaciones salieron de la partida
"Gastos distintos de remuneración de personal" del Ministerio de la
Secretaría y fueron cancelados con cheques del Banco Industrial de
Venezuela. Alguien se "comió" 33,3 millones de bolívares.
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